El texto recogido de www.cancerbero.net, que no tiene desperdicio puro y real como la vida misma, contada en un correo electrónico según el creador.

El objeto de esta misiva es la de reivindicar a una generación, la mía, la
de todos aquellos que nacimos en los 80-85 (año arriba, añoabajo),la de los
que estamos currando de algo que nuestros padres nipodían soñar, la que
vemos que el piso que compraron nuestros padres ahora vale 20 o 30 veces
más, la de los que estaremos pagando nuestra vivienda hasta los 50 años.

Nosotros no estuvimos en la Guerra Civil, ni en mayo del 68, ni corrimos
delante de los grises, no votamos la Constitución y nuestra memoria
histórica comienza con las olimpiadas del 92. Aunque no nacimos en una
dictadura, siempre hemos tenido una conciencia democrática y la serie
“Cuéntame” nos parece que es una mierda y que hace apología del franquismo.
Por no vivir activamente la Transición se nos dice que no tenemos ideales y
sabemos de política más que nuestros padres y de lo que nunca sabrán
nuestros hermanos pequeños y descendientes.

Somos la última generación que hemos aprendido a jugar en la calle a las
chapas, la peonza, las canicas, la comba, la goma o el rescate y, a la vez,
somos la primera que hemos jugado a videojuegos, hemos ido a parques de
atracciones o visto dibujos animados en color. Los Reyes Magos no siempre
nos traían lo que pedíamos, pero oíamos (y seguimos oyendo) que lo hemos
tenido todo, a pesar de que los que vinieron después de nosotros sí lo
tienen realmente y nadie se lo dice. Se nos ha etiquetado de generación X y
tuvimos que tragarnos bodrios como Historias del Kronen o Reality Bites,
Melose Place o Sensación de vivir (te gustaron en su momento, vuélvelas a
ver, verás que chasco).

Lloramos con la muerte de Chanquete, con la puta madre de Marco que no
aparecía con las putadas de la Señorita Rottenmayer; nuestra primera canción
del verano fue "Los Pajaritos" (1981). Somos una generación que hemos visto
a Maradona hacer campaña contra la droga, que nos reímos de un anuncio que
decía que si el Madrid era otra vez campeón de Europa, que durante un tiempo
tuvimos al baloncesto como el primero de los deportes.

Hemos vestido vaqueros de campana, de pitillo, de pata de elefante y con la
costura torcida; nuestro primer chándal era azul marino con franjas blancas
en la manga y nuestras primeras zapatillas de marca las tuvimos pasados los
10 años. Entramos al colegio cuando el 1 de noviembre era el día de Todos
los Santos y no Halloween, cuando todavía se podía repetir curso, los
últimos en hacer BUP y COU, los pioneros de la ESO. Somos los primeros en
incorporarnos a trabajar a través de una ETT y los que no les cuesta un duro
echarnos del curro.

Siempre nos recuerdan acontecimientos de antes que naciéramos, como si
hubiéramos vivido nada histórico. Nosotros hemos aprendido lo que era el
terrorismo contando chistes de Irene Villa, Vimos caer el muro de Berlín y a
Boris Yelsin borracho tocarle el culo a una secretaria; los de nuestra
generación fueron a la guerra (Bosnia, etc.) cosa que nuestros padres no
hicieron; gritamos OTAN no bases fuera, sin saber muy bien qué significaba y
nos enteramos de golpe un 11 de septiembre. Aprendimos a programar el video
antes que nadie, jugamos con el Spectrum, odiamos a Bill Gates, vimos a
Perico Delgado anunciar los primeros móviles y creímos que Internet sería un
mundo libre.

Somos la generación de Espinete, Don Pimpón y Chema, el panadero farlopero.
Quién diría entonces que años más tarde, con España integrada en la UE,
aquella niña morena habría de enseñarnos sus vergüenzas (Ruth Gabriel). Los
que recordamos a Enrique del Pozo cantando con Ana (abuelito dime tu...) Los
del incomparable "Planeador abajo" de Mazinger Z, los de Ulises 31 y Comando
G (que nunca acabó de gustar a nadie). Somos la generación que fuimos al
cine a ver las películas de Parchís, y que durante años creímos que el de
rojo (como quien dice el de en medio de los Chichos) era Enrique Búmbury.

Los que crecieron escuchando a Europe y a ese grupito de imitadores que les
salió, unos tal Bon Jovi. Los de la explosión del Challenger, la cantada de
Arkonada, Los mundos de Yupi y las pesetas rubias. Nos emocionamos con
Superman, ET o En busca del Arca Perdida. Comíamos Phosquitos y los
Tigretones eran lo mejor, aunque aquello que empezaba (algo llamado
Bollycao) no estaba del todo mal. Somos la generación del Tocata, La Bola de
Cristal (solo no puedes, con amigos sí), el Follow Me, "El coche
fantástico", "Oliver y Benjí", "la abeja maya", El hipnótico "Planeta
Imaginario", Los Toreros Muertos, La Orquesta Mondragón, el abraza farolas
del Butano y el Misissipi de Pepe Navarro con su inimitable Pepelu.

La generación de la quinta del buitre, de Hugo Sánchez, de Biriukov, Del
Corral, Corbalán, Romay y que nos traumatizamos con las muertes de Fernando
Martín y Petrovic (¿quién coño juega hoy en el Madrid de baloncesto?). El
600 era el utilitario normal, el 124 un coche familiar y el 131 una berlina
de lujo. El 23F nos pareció un buen día porque no hubo clase y ponían
películas por la tele. Nuestro grito de guerra fue "Tigres, Leones, todos
quieren ser los campeones" "como están ustedes" y descubrimos a las mujeres
gracias a tirantes de una tal Miriam Díaz Aroca. La generación que se cansó
de la de ver las mamachichos. La generación a la que le entra la risa floja
cada vez que tratan de vendernos que España es favorita para un mundial. La
última generación que veía a su padre poner la baca del coche hasta el culo
de maletas para ir de vacaciones. La última generación de las litronas y los
porros, y qué coño, la última generación cuerda que ha habido.

Este correo está dedicado a las personas que nacieron entre 1980 y 1985. La
verdad es que no sé cómo hemos podido sobrevivir a nuestra infancia. Mirando
atrás es difícil creer que estemos vivos en la España de antes: Nosotros
viajábamos en coches sin cinturones de seguridad traseros, sin sillitas
especiales y sin air-bag, hacíamos viajes de 10-12h con cinco personas en un
600 o en un Renault 4 y no sufríamos el síndrome de la clase turista. No
tuvimos puertas con protecciones, armarios o frascos de medicinas con tapa a
prueba de niños. Andábamos en bicicleta sin casco, ni protectores para
rodillas ni codos. Los columpios eran de metal y con esquinas en pico, y
jugábamos a "lo que hace la madre hacen los hijos", esto es a ver quien
erael mas bestia.

Pasábamos horas construyendo nuestros vehículos" con trozos de rodamientos
para bajar por las cuestas y sólo entonces descubríamos que nos habíamos
olvidado de los frenos. Después de chocar con algún árbol, aprendimos a
resolver el problema. Jugábamos a "churro va" y al pañuelo y nadie sufrió
hernias ni dislocaciones vertebrales. Salíamos de casa por la mañana,
jugábamos todo el día, y solo volvíamos cuando se encendían las luces de la
calle. Nadie podía localizarnos. Eso si nos buscábamos maderas en los
contenedores o donde fuera y hacíamos una caseta para pasar allí el rato. No
había móviles. Nos rompíamos los huesos y los dientes y no había ninguna ley
para castigar a los culpables. Nos abríamos la cabeza jugando a guerra de
piedras y no pasaba nada, eran cosas de niños y se curaban con mercromina
(roja) y unos puntos y al día siguiente todos contentos.

La mitad de los compañeros de clase tenía la barbilla rota o algún diente
mellado, o alguna pedrada en la cabeza... Tuvimos peleas y nos partíamos la
cara unos a otros y aprendimos a superarlo. Íbamos a clase cargados de
libros y cuadernos, todo metido en una mochila que, rara vez, tenía refuerzo
para los hombros y, mucho menos, ruedas. Comíamos dulces y bebíamos
refrescos, pero no éramos obesos. Si acaso alguno era gordo y punto.
Estábamos siempre al aire libre, corriendo y jugando. Compartimos botellas
de refrescos y nadie se contagio de nada. Sólo nos contagiábamos los piojos
en el cole. Cosa que nuestras madres arreglaban lavándonos la cabeza con
vinagre caliente.

No tuvimos Playstation, Nintendo 64, vídeo juegos, 99 canales de televisión,
sonido surround, móviles, ordenadores e Internet, pero nos lo pasábamos de
lo lindo tirándonos globos llenos de agua yarrastrándonos por los suelos
destrozando la ropa. Nosotros si tuvimos amigos. Quedábamos con ellos y
salíamos. O ni siquiera quedábamos, salíamos a la calle y allí nos
encontrábamos y jugábamos a las chapas, a la peonza, a las canicas, a la
lima, al rescate..., en fin tecnología punta... Íbamos en bici o andando
hasta su casa y llamábamos a la puerta. Imagínense!, sin pedir permiso a los
padres, ¡nosotros solos, allá fuera, en el mundo cruel!! Sin ningún
responsable. ¿Cómo lo conseguimos?

Hicimos juegos con palos, botellas y balones de fútbol improvisados, y
comimos pipas y, aunque nos dijeron que pasaría, nunca nos crecieron en la
tripa ni tuvieron que operarnos para sacarlas. Bebíamos agua directamente
del grifo de las fuentes de los parques, agua sin embotellar, donde chupaban
los perros. Íbamos a cazar lagartijas y pájaros con la, escopeta de
perdigones o con el tirawebos, antes de ser mayores de edad y sin adultos,
¡¡DIOS MÍO!! En los juegos de la escuela, no todos participaban en los
equipos. Los que no lo hacían, tuvieron que aprender a lidiar con la
decepción. Algunos estudiantes no eran tan inteligentes como otros y
repitieron curso. ¡Que horror, no inventaban Exámenes extra!

Y ligábamos con las chicas persiguiéndolas para tocarlas el culo y jugando a
beso, verdad y atrevimiento, no en un Chat diciendo Éramos responsables
de nuestras acciones y arreábamos con las consecuencias. No había nadie para
resolver eso. La idea de un padre protegiéndonos, si trasgredíamos alguna
ley, era inadmisible, si acaso nos soltaban un guantazo o un zapatillazo y
te callabas. Tuvimos libertad, fracaso, éxito y responsabilidad, y
aprendimos a crecer con todo ello. Tú eres uno de ellos??

¡Enhorabuena! Pasa esto a otros que tuvieron la suerte de crecer como niños,
antes de que todos estos niñatos que hay ahora que se creen algo y no tienen
respeto ni educación a nadie) destrocen el mundo en el que vivimos.